Intentando llenar un vacío, un punto en el alma que quedó blanco e inservible, inutilizado. Cada vez que alguien se va, otro alguien viene. Pero...
Nunca es igual que quien se ha ido.
Todos somos diferentes. Es imposible encontrar a dos personas completamente iguales, y eso es lo que nos hace únicos. Todos somos especiales, para una o un millón de personas. Da igual.
Pero cuando una de esas personas desaparece, sientes como que te falta algo, pues esa persona ha contribuido en construir lo que ahora eres.
Aún así, siempre hay que seguir hacia adelante, sin rendirse, sin dejar de caminar, levantándote cada vez que tropiezas y caes al suelo. Porque al final acabarás por aprender el camino, y cada vez caerás menos veces, te harás más fuerte y sabio.
Por todas esas personas que se han ido y no podrán volver...
En memoria de mi amiga, Ainara.
domingo, 10 de mayo de 2009
lunes, 4 de mayo de 2009
Dolores, dolores, dolores...
Los dolores de cabeza suelen ser a causa del estrés, los problemas, el día a día, enfermedad o, simplemente, el cansancio que siente la mente.
¡Qué inteligentes, los dolores! Cuando nosotros nos hacemos daño, ellos nos avisan de lo ocurrido. ¿Para qué? ¡Para que no sigamos!
Aunque suene muy tonto, hay gente que aunque reciba dolor, sigue actuando de la misma manera de siempre... causándose así más dolor. ¡Y no paran! Estarán locos, locos. Pobres dolores, por mucho que puncen y dañen, no les hacen caso... como, por ejemplo, los dolores del corazón. ¡Pobre corazón...! Siempre recibiendo dolor, por un lado y otro, sin cesar. ¿Y por qué? ¡Porque somos tontos!
Bueno, a ver, a ver... no, no estoy insultando a nadie, no, no... solo digo, menciono, informo.
Informo sobre los dolores del pobre corazón cuando al portador de éste le rechaza un amor no correspondido. ¡Ooh...! Pobre corazoncito...
O cuando una amistad se rompe de repente. ¡Ay, cómo duele!
Pero, ¿qué le vamos a hacer? Por mucho que creemos aprender de los errores, volvemos a caer... ¡Y de nuevo sentimos dolor!
¡Qué tan masoquistas somos...!
¡Qué inteligentes, los dolores! Cuando nosotros nos hacemos daño, ellos nos avisan de lo ocurrido. ¿Para qué? ¡Para que no sigamos!
Aunque suene muy tonto, hay gente que aunque reciba dolor, sigue actuando de la misma manera de siempre... causándose así más dolor. ¡Y no paran! Estarán locos, locos. Pobres dolores, por mucho que puncen y dañen, no les hacen caso... como, por ejemplo, los dolores del corazón. ¡Pobre corazón...! Siempre recibiendo dolor, por un lado y otro, sin cesar. ¿Y por qué? ¡Porque somos tontos!
Bueno, a ver, a ver... no, no estoy insultando a nadie, no, no... solo digo, menciono, informo.
Informo sobre los dolores del pobre corazón cuando al portador de éste le rechaza un amor no correspondido. ¡Ooh...! Pobre corazoncito...
O cuando una amistad se rompe de repente. ¡Ay, cómo duele!
Pero, ¿qué le vamos a hacer? Por mucho que creemos aprender de los errores, volvemos a caer... ¡Y de nuevo sentimos dolor!
¡Qué tan masoquistas somos...!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
