Intentando llenar un vacío, un punto en el alma que quedó blanco e inservible, inutilizado. Cada vez que alguien se va, otro alguien viene. Pero...
Nunca es igual que quien se ha ido.
Todos somos diferentes. Es imposible encontrar a dos personas completamente iguales, y eso es lo que nos hace únicos. Todos somos especiales, para una o un millón de personas. Da igual.
Pero cuando una de esas personas desaparece, sientes como que te falta algo, pues esa persona ha contribuido en construir lo que ahora eres.
Aún así, siempre hay que seguir hacia adelante, sin rendirse, sin dejar de caminar, levantándote cada vez que tropiezas y caes al suelo. Porque al final acabarás por aprender el camino, y cada vez caerás menos veces, te harás más fuerte y sabio.
Por todas esas personas que se han ido y no podrán volver...
En memoria de mi amiga, Ainara.
domingo, 10 de mayo de 2009
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